Las escuelas son mucho más que lugares donde los niñxs aprenden. Son espacios seguros para los niñxs, las familias y comunidades enteras; lugares donde las personas pueden reunirse, encontrar protección y recuperar la estabilidad y el sentido de comunidad después de experiencias difíciles. Especialmente después de una catástrofe, estos espacios adquieren una importancia fundamental: ayudan a los niñxs a recuperar un poco de normalidad y, al mismo tiempo, fortalecen la cohesión social de toda la comunidad.
Por eso, cuando las escuelas resultan dañadas o destruidas, se pierde mucho más que un edificio. Los niñxs pierden un importante espacio seguro, las familias pierden un lugar de referencia y las comunidades pierden un espacio de encuentro y cohesión.