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Reflexiones sobre economía y COVID-19 desde una perspectiva feminista decolonial

Actualizado: 2 de nov de 2020


Hace algunas décadas, cuando era apenas una niña, vi una película que me impresionó mucho, y que pienso es una buena introducción al tema que nos convoca. La película fue traducida al castellano con el título „Querida, agrandé al bebé“. Era una comedia, y la historia de un científico egocéntrico que inventa una máquina para hacer crecer las cosas. El experimento se sale de control cuando uno de los rayos de la máquina alcanza a su bebé haciendo que éste crezca desproporcionadamente, y se convierta en un monstruo que amenaza la ciudad.

Vivimos en una sociedad obsesionada con el crecimiento. Tenemos la idea de que todo debe ir en una escala ascendente. Más grande, más rápido, mejor, son los adjetivos que parecen definir nuestra vida como individuos y nuestra razón de ser como sociedad. Crecer, crecer, crecer, parece no importar hacia dónde y menos el para qué. La obsesión por el crecimiento permea toda nuestra vida, y todas las esferas de la sociedad, en particular las que tienen que ver con la economía.

A comienzos del año las revistas, diarios, páginas de internet se llenan con las especulaciones sobre cuánto crecerá la economía. Expertos y expertas hacen sus pronósticos sobre cuánto crecerán Alemania, de los Estados Unidos, China, Rusia, etcv. Frases como „se espera un crecimiento medio, un crecimiento amplío, un crecimiento moderado, se repiten sin cesar los primeros meses todos los años.

Yo no sé si a ustedes les pasa, pero cuando escucho a los llamados expertos en economía dar sus pronósticos sobre el crecimiento de un país, siento que me están hablando de un mundo desconocido. Una especie de universo que no tiene nada que ver conmigo, y que por lo tanto es normal que yo no entienda nada de lo que dicen. Hablan de los indicadores, de las tasas, de los índices, en fin, un montón de términos que incluso para mí, una persona que ha pasado gran parte de su vida estudiando resultan ininteligibles. Y obviamente, en medio de la pandemia por COVID-19 la preocupación por el crecimiento económico vuelve a ser protagonista. Incluso, ya de forma descarada, algunos políticos proponen dejar morir a los más viejos, o a unos cuantos miles de pobres, para salvar la economía.

Se puede argumentar claro, que mi formación es en sociología, y que por lo tanto es obvio que no voy a entender los términos técnicos de la economía. Pero, yo me pregunto, y les pregunto a ustedes, si de lo que están hablando es sobre cómo se administran los recursos de la sociedad, de cómo se genera empleo, cómo se invierte el dinero, cómo se crea riqueza, quién pierde su casa, sus pensiones, y de cómo se administran los derechos a la salud, que es el gran reto que tenemos hoy en día con la pandemia, ¿no deberíamos todas las personas poder entender de lo que se está hablando? No debería ser el lenguaje de la economía comprensible para todo el mundo, porque al final, son temas que nos involucran a todas las personas.

Según Wikipedia crecimiento económico se define como el aumento de la renta o valor de bienes y servicios finales producidos por una economía (generalmente de un país o una región) en un determinado periodo (generalmente en un año). Es el incremento de ciertos indicadores, como la producción de bienes y servicios, el mayor consumo de energía, el ahorro, la inversión, una balanza comercial favorable, el aumento de consumo de calorías per cápita, etc. Y según la teología economicista, la mejora de estos indicadores debería llevar teóricamente a un alza en los estándares de vida de la población.

Alguna vez, explicándole a mi hijo cómo se produce la riqueza, llegamos el tema del crecimiento. Le dije que imaginara que en un pueblo pequeño hay una gallina y un gallo. La gallina pone 4 huevos y de todos salen pollitos. Entonces ahora en el pueblo hay 6 pollos. Hubo un crecimiento de 200% de la renta de pollos en el pueblo. El problema es que los pollos le pertenecen a una sola persona; obviamente también le expliqué cómo logró una sola persona apoderarse de la gallina y el gallo, y por consiguiente de la producción total de pollitos.

Pero dejemos mi ejemplo y volvamos a la definición de wikipedia, de la cual me surgen algunas preguntas.

1. ¿Cómo se definen cuáles son los bienes y servicios que importan y que deben crecer en la economía de una sociedad?

2. ¿Cómo y quién define el aumento del valor de esos bienes?

3. ¿Por qué en Alemania el país con el crecimiento económico más estable y continuo de Europa, la pobreza y la desigualdad aumentan?

4. Y tal vez la pregunta más importante para mí, ¿qué es la economía?

La forma en la que la sociedad produce, administra, distribuye, consume y desecha los recursos ha sido cubierta con un manto de palabras, conceptos, teóricas, escuelas que resultan casi inaccesibles incompresibles para la inmensa mayoría de la gente. Pero la economía no es nada más ni nada menos que eso, es la forma en la que una sociedad administra sus recursos. La gran trampa y por lo tanto gran mentira de nuestras sociedades es que se define economía como sistema económico capitalista. Economía y capitalismo se convirtieron en sinónimos y todas las relaciones de producción en la sociedad se piensan y definen desde ahí.

La economía, definida desde la perspectiva de la economía política feminista, es una compleja red de estructuras que hacen posible la re-producción biológica y social del ser humano. Esa red en su gran mayoría son producto de relaciones de producciones comunitarias, colectivas y no orientadas al lucro. Esas redes de producción se pueden clasificar en cuatro grupos:

1. Producción de condiciones ecológicas y ambientales

2. Producción de cuerpos humanos

3. Producción de habilidades sociales

4. Producción de materias y bienes para el consumo, el intercambio y la acumulación.

La economía está compuesta por lo menos por estos cuatro niveles. Pero desde hace 300 años de hegemonía capitalista, se nos ha querido convencer que la economía se reduce al último apartado del último nivel; producción de materias y bienes para la acumulación.

Volvamos al ejemplo de las gallinas, supongamos que el dueño de las 6 gallinas se volvió un próspero avicultor, ahora posee 1000. Para alimentar a sus gallinas él se apropió de la tierra y las fuentes de agua. El agua potable es escasa porque están contaminadas por los desechos de la idustria,gallinas muertas, excremento,químos, etc. Ya no hay variedad de cultivos, ahora sólo se produce maíz para alimentar a los pollos. La mierda de gallina está en todo lado, el aire es putrefacto y no se puede respirar. La gente del pueblo ahora tienen que trabaja en la avícola para comprar los alimentos, todos derivados del pollo, o de lo que sobra, alimentos que son vendidos por el mismo dueño de las gallinas. Se creó además una escuela donde todo el mundo aprende cómo se crían, matan y comercializan gallinas.

La teología economicista vería en este pueblo un ejemplo de éxito absoluto de lo bien que funciona el crecimiento económico. En el pueblo ahora hay empleo, el dinero fluye porque los pollos que se venden muy bien en el mercado internacional. La importación de productos para pollos aumentó, el mercado de herbicidas para el maíz aumento, la venta de comida procesada así como de tapabocas, y de medicamentos aumentó, incluso hay una escuela. Por todo lado hay aumento.

Habra mucha gente convencida de que este pueblo le va muy bien, incluso gente del mismo pueblo dirá que les va de maravilla. Pero estar convencido de algo no significa que sea lo correcto, o que sea sensato, o racional. Y con lo correcto no me refiero a valoraciones molares sino a un cuestionamiento sobre el camino que estamos recorriendo como humanidad según nuestros objetivos.

Si nuestro deseo es reducir al ser humano a una máquina de trabajo y de consumo, estamos en el camino correcto. Si nuestro deseo es gestar comunidades donde el miedo, la violencia, la muerte sean la norma en particular para mujeres, para gente no blanca, del oeste de Europa, para los pueblos originarios, los estamos haciendo de maravilla. Si nuestro plan es destruir las condiciones ecológicas del planeta que permiten nuestra existencia somos ganadores.

En todo el mundo aumenta las voces de protesta y los cuerpos que se alzan en resistencia contra de un sistema económico reduccionista y saqueador. El mito y la teología del desarrollo se caen a pedazos. Pero el planeta parece caerse a pedazos también, y tengo que confesar que a veces siento que no me alcanzan las fuerzas ni la capacidad para evitar que sea así. Yo me levanto casi todos días pensando qué hacer. Cómo movilizar mis capacidades y empezar a empujar en otra dirección. A veces me faltan puntos de orientación, y tengo que decir que eso también ha sido producto de vivir tantos años en Europa.

Acá hay un convencimiento asiduo de que les va muy bien; de qué son los ganadores del juego, y de que son el punto de referencia para el resto del mundo. Me atrevería a decir que Alemania tiene uno de los ejércitos de expertos más grandes del mundo. Gente enviada a todos los puntos del globo que les enseñan a otras personas cómo hacer las cosas, aunque en verdad no tengan mucha idea, o en verdad no les interese mejorar las condiciones de vida de las personas. Conozco programas en Alemania donde estudiantes de secundaria son enviados a Africa, América Latina o Asia para que enseñen en escuelas, aunque no sean pedagogos. Y ni hablar de los estudiantes universitarios que son enviados para que les enseñen a las comunidades a construir un pozo de agua potable, aunque acá en Alemania ellos toda la vida sólo han tomado agua embotellada.

Las empresas de Alemania en alianza con instituciones políticas y de la sociedad civil son protagonista en la economía del saqueo. Esa economía a la que solo le importa la producción de riqueza material, y para lograrlo convierte selvas en desiertos, contamina ríos y mata de sed y hambre a miles de niños y niñas, como es el caso de la Guajira en norte de Colombia donde más de 4 mil infantes han muerto de hambre porque el agua y la tierra se usan para explotar carbón que se vende muy barato a Alemania, y no para sembrar comida.

La gente de la periferia de la economía capitalista sabe desde hace siglos que este es un modelo-proyecto fracasado. Incluso antes que los Marxistas se dieran cuenta, y llevan más de 500 años haciendo resistencia. Un sistema que crece explotando hasta el agotamiento la capacidad de trabajo del ser humano y se basa en la destrucción de los sistemas ecológico no puede continuar siendo el paradigma. La crisis del sistema de crecimiento y acumulación capitalista es tan profunda que incluso las instituciones creadas para defenderlas empiezan a reconocer su fracaso. Este es el caso de la CEPAL (Comisión Económica para el Desarrollo de América Latina y el Caribe) cuya Secretaría hace unos días habló sobre el fracaso del modelo económico implementado en América Latina, y en gran parte del mundo. La CEPAL también cuestionó la idea de que el crecimiento económico era motor indispensable del desarrollo, y mostró que no solo no había servido para reducir la pobreza y la desigualdad sino que por el contrario la aumenta..

Tenemos que volver a tomar la economía en nuestras manos. Y la gente indígena, campesina, afrodescendiente en América Latina lo saben hacer muy bien, y por eso los están asesinado. En Colombia en los últimos 2 años han asesinado más de 180 líderes sociales, defensores de bienes comunes y ambientalistas.

La economía no es explotar la naturaleza y la sociedad para llenar las arcas de unos cuantos. La economía es la red que re-produce la vida, no sólo a la humana, y que se encarga organizar todo cuando llega la muerte. Cuando una parte de un cuerpo crece desproporcionadamente se produce una deformación del todo. El crecimiento de la producción de materias para la acumulación está deformando todo el sistema socio-ecológico que sostiene la existencia en el planeta como la conocemos, una expresión de esa deformación es que en Berlín la primavera llegue en febrero.

Tenemos que tener una visión holística de la economía, y orientarnos por los principios que rigen la vida que es el comunitarismo, el trabajo colectivo, la mutualidad, la solidaridad. El ser humano es el producto de una red infinita de relaciones de producción no orientadas al lucro. Ahí está involucrados el medio ambiente, la propia biología del cuerpo, esa que ahora se enfrenta a un nuevo peligro llamado COVID-19, y todas la producción comunitaria que nos permiten venir al mundo, nos cuida, nos permite desarrollar habilidades sociales.

Todos esos elementos deberían moverse armónicamente si queremos alcanzar el máximo potencial como especie, y superar los retos que tenemos como especie, muchos de ellos expresados con el COVID 19.

Dra. Edna Y. Martínez

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